Uno de los mayores gastos en un viaje como éste es el de la compra diaria. La experiencia me ha demostrado que vivir en el Reino Unido, haciendo vida más o menos diaria en casa, desayunando y almorzando o cenando en casa buena parte de los días que dure el viaje, es bastante más barato de lo que os podáis imaginar. En Irlanda me resultó parecido, pero es cierto que, al ser un país que económicamente está algunos escalones por debajo, uno espera que la cesta de la compra sea más barata.
En general, comprar en un supermercado es una experiencia muy parecida a la que vivimos cada sábado en España. Los productos son muy parecidos y el precio también. Veámoslo en detalle.
Hacer la compra en Irlanda reporta algunas ventajas a las que todavía no nos hemos acostumbrado en España. Para mí, la más llamativa, la absoluta libertad de horario de apertura. Una muestra; como llegábamos un sábado por la tarde noche a Clifden, una pequeña localidad de costa de unos 2600 habitantes, me preocupaba encontrar algún sitio donde poder comprar lo básico: leche, pan, azúcar, zumo, etc. Busqué desde España y comprobé que había un Aldi a la entrada del pueblo y que el horario nos venía bien. Sin embargo, al llegar, nos encontramos con un supermercado puerta con puerta con nuestro apartamento. Supervalu, una cadena irlandesa.
Pronto descubriríamos que nos haríamos clientes habituales. Abre a diario, 365 días al año, de 8.30 a 21.00. Hicimos nuestra compra con toda tranquilidad y pudimos permitirnos el lujo de olvidarnos de alguna cosa, ya que abría por la mañana del domingo siguiente.
Algo parecido nos ocurrió en Killarney, población turística de unos 13.000 habitantes. Encontramos Aldi, Lidl, Supervalu, etc. y, por si esto fuera poco, un Tesco (cadena británica) abierto 24 horas, los 365 días del año. Este horario, sin duda, a los que vivimos en ciudades "pequeñas" como Córdoba, con 325.000 habitantes, nos deja completamente anonadados.
En resumidas cuentas, no os preocupéis por llenar el frigorífico, a no ser que os alojéis en mitad del campo, en cuyo caso necesitaréis el coche para poder comprar en cualquier núcleo poblado más cercano.
En cuanto a qué comprar, yo soy de la opinión de "dejarme llevar". Sin caer en lo exótico, me gusta probar todo lo autóctono. En Supervalu concretamente, había varias ofertas diarias de comida tradicional ya preparada, baratísima: pastel de carne, hamburguesas de "angus", pasta, etc. Atentos a la carne. Es de muy buena calidad y a buen precio. La ternera está de maravilla, pero el cerdo no se queda atrás. De vez en cuando cogíamos alguno de estos preparados para meter al horno, bastante naturales y de buena calidad. Otros días hacíamos vida más o menos española: pollo, arroz, tortilla, pasta, etc. Buscábamos algo rápido y del gusto de los niños. Todo lo que os podáis imaginar que necesitais está en cualquier supermercado, incluido el Aceite de Oliva. Me sorprendió gratamente ver que en los super irlandeses hay tanto aceite español como italiano, no como en Gran Bretaña, donde predomina el italiano (aunque probablemente sea español). Es caro, muy caro, pero no desorbitado. Se puede uno permitir una botella de aceite virgen extra para ensaladas y alguna otra cosa.

La leche y la mantequilla. Este es el país de la mantequilla (hay un museo en Cork, cuya visita os recomiendo si pasáis por allí, ya lo comentaré más adelante). Es sencillamente espectacular. El pan no se queda atrás. Hay de todos los tipos y tamaños, de molde, semillas, etc. Y nos encantó uno en particular, típico del país: el Brown Bread. Acompaña a platos salados, siempre con mantequilla. Desde que volvimos ya lo he hecho en casa varias veces, porque además de estar buenísimo es muy fácil de hacer. Así que ya tenéis un buen desayuno con productos de calidad y muy baratos. La leche merece mención aparte. Al igual que en Gran Bretaña, os tendréis que olvidar de la leche en brick. La leche que se consume es "fresca", la encontráis en refrigeración y su fecha de consumo es mucho más reducida (con todas las garantías modernas, por supuesto). Creo que es una cuestión cultural. Es el tipo de leche al que están acostumbrados y la tienen en superabundancia. Se vende en botellas de plástico que habitualmente tienen la forma que veis en la foto superior. Su sabor es ligeramente más fuerte que la leche que consumimos aquí. A mis hijos les cuesta un poco al principio, pero se acostumbran.
Fruta hay de todo tipo. En general, y de media, os saldrá a un precio parecido al de aquí, y os daréis cuenta de que la mayoría es española o sudamericana, pero también hay productos locales que merece la pena probar. La verdura es otro cantar. También la hay española, pero los productos de la zona suelen ser muy buenos y muy variados.
Olvidaros del pescado. No quiere decir que no podáis comprarlo, es que no suele haber gran cosa. Sí que hay, según la zona a la que vayáis buen marisco y ahumado (salmón o caballa).
Y para terminar, os recuerdo que este es el país de la cerveza negra (stout). En los supermercados hay una enorme variedad de cervezas, negras, ale y lager. La que bebe la inmensa mayoría de irlandeses es la Smithwick's (pronunciad /smidics/) y, por supuesto la Guinness, pero en cualquier pub encontraréis otras cervezas producidas a nivel local en pequeñas destilerías, como por ejemplo la Killarney. Ya os hablaré de la visita que hicimos a la fábrica y la cata que hicimos. Tienen una stout maravillosa y, claro, si les hablas de la Guinness, te mirarán de mala manera. Ahora están de moda las Pale Ale y las IPA (Indian Pale Ale). Haré lo posible por explicar algo de ellas más adelante.
Para terminar, os recomiendo echar un vistazo a los "wine corners" que hay en todos los supermercados por pequeños que sean. El vino medianamente bueno no baja de los 12 euros, aunque suele haber ofertas de 6 euros. Por menos precio no existen. Lo que a mí me resulta fantástico, tanto en Irlanda como en el Reino Unido, es que haya vinos de todo el mundo en cualquier supermercado. Italianos, franceses, chilenos, argentinos, sudafricanos, de Australia, de California, alemanes, y por supuesto, españoles. Merece la pena probarlos.